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    Juan 13, 1-15: «Los amó hasta el extremo»

    Primera Lectura

    Lectura del libro del Éxodo (12.1-8.11-14):

    En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: «Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: «El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta al Señor, ley perpetua para todas las generaciones.»»

    Palabra de Dios

    Salmo

    Sal 115,12-13.15-16bc.17-18

    R/. El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo

    ¿Cómo pagaré al Señor
    todo el bien que me ha hecho?
    Alzaré la copa de la salvación,
    invocando su nombre. R/.

    Mucho le cuesta al Señor
    la muerte de sus fieles.
    Señor, yo soy tu siervo,
    hijo de tu esclava;
    rompiste mis cadenas. R/.

    Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
    invocando tu nombre, Señor.
    Cumpliré al Señor mis votos
    en presencia de todo el pueblo. R/.

    Segunda Lectura

    Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (11,23-26):

    Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

    Palabra de Dios

    Evangelio

    Lectura del santo evangelio según san Juan (13,1-15)

    Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
    Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»
    Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»
    Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.»
    Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»
    Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
    Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
    Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.» Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

    Palabra del Señor

    Reflexión del Padre @PadreOscarDelaVega

    Hoy, Jueves Santo, iniciamos el Triduo Pascual asomándonos a la intimidad del Cenáculo. San Juan nos dice que Jesús, sabiendo que había llegado su hora, «habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo». Ese «extremo» no es solo una medida de tiempo, sino de profundidad: es el amor que no se guarda nada.

    El gesto de lavar los pies a sus discípulos es la gran revolución del cristianismo. El Maestro se quita el manto, se ciñe la toalla y asume el lugar del esclavo. No es solo un acto de humildad, es la institución del servicio como la única jerarquía válida en el Reino de Dios. Al darnos la Eucaristía y el Mandato del Amor, Jesús nos enseña que el poder es para servir y que la grandeza se mide por la capacidad de inclinarse ante la necesidad del otro.

    Que en este Jueves Santo, al participar de la Cena del Señor, nos preguntemos: ¿A quién necesito lavarle los pies hoy? ¿En qué rincón de mi hogar o de mi comunidad hace falta ese gesto de ternura y servicio que solo yo puedo dar? Dejémonos amar por Él para poder amar como Él.

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    @PadreOscarDelaVega