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    Mateo 26, 14-25: «Señor, ¿soy yo?»

    Primera Lectura

    Lectura del libro de IsaIas (50,4-9a):

    Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?

    Palabra de Dios

    Salmo

    Sal 68,8-10.21-22.31.33-34

    R/. Señor, que me escuche tu gran bondad el día de tu favor

    Por ti he aguantado afrentas,
    la vergüenza cubrió mi rostro.
    Soy un extraño para mis hermanos,
    un extranjero para los hijos de mi madre;
    porque me devora el celo de tu templo,
    y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/.

    La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
    Espero compasión, y no la hay;
    consoladores, y no los encuentro.
    En mi comida me echaron hiel,
    para mi sed me dieron vinagre. R/.

    Alabaré el nombre de Dios con cantos,
    proclamaré su grandeza con acción de gracias.
    Miradlo, los humildes, y alegraos,
    buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
    Que el Señor escucha a sus pobres,
    no desprecia a sus cautivos. R/.

    Segunda Lectura

    Evangelio

    Lectura del santo evangelio segun san Mateo (26,14-25):

    En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
    Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
    El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
    Él contestó: «ld a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: «El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos.»»
    Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce.
    Mientras comían dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
    Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?»
    Él respondió: «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.»
    Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?»
    Él respondió: «Tú lo has dicho.»

    Palabra del Señor

    Reflexión del Padre @PadreOscarDelaVega

    Este Miércoles Santo la liturgia nos pone frente a una de las escenas más tristes y humanas de la Pasión: la negociación de Judas. Es estremecedor escuchar su pregunta: «¿Qué están dispuestos a darme si se lo entrego?». Judas le pone precio a la Amistad, pone precio a la Luz.

    Pero antes de juzgar a Judas, miremos la escena de la Cena. Cuando Jesús anuncia que uno lo va a entregar, los discípulos, entristecidos, no señalan al de al lado. Cada uno se pregunta a sí mismo: «Señor, ¿soy yo?». Esa es la pregunta de la humildad. Todos somos capaces de entregar al Señor por unas cuantas «monedas»: un momento de comodidad, una mentira para quedar bien, o el silencio ante una injusticia.

    Hoy, en la víspera del Triduo Pascual, el Señor no nos pide perfección, nos pide sinceridad. Que nuestra respuesta no sea la de Judas, que busca su propio beneficio, sino la de aquel que reconoce su fragilidad y se queda a la mesa para ser transformado por el amor. ¿Qué «monedas» estás dispuesto a soltar hoy para quedarte con Jesús?

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    @PadreOscarDelaVega